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martes, 13 de septiembre de 2022

El emprendedor visionario

Fuente de la imagen: mvc archivo propio
En el fin de semana pasado he estado re-hojeando el texto de Marc Allen, “El emprendedor visionario”[1], donde el autor intenta describir las motivaciones que deben conducir a un empresario no sólo al éxito económico, sino a una realización personal plena, profundizando en aspectos tales como la importancia del reparto de beneficios con los empleados, el valor de un equipo motivado o en la necesidad de una perspectiva integral y espiritual de los negocios. 

Coincido con Allen en que el quid de la cuestión se encuentra en la palabra que contiene el subtítulo, “equilibrio”, es decir, armonía entre gestión y satisfacción personal y de personas para ser fuente de éxito auténtico y duradero. Parte de este texto también se ha editado en el sitio de Manuel, bajo el título ¿Es necesario que el emprendedor sea visionario? Fuente de la imagen: mvc archivo propio.
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[1] Allen, Marc. El emprendedor visionario. Ediciones Urano. 2002.

viernes, 5 de diciembre de 2008

The Passion Plan

Te comento el largo y apasionado café que, por motivos profesionales, tomé ayer tarde, con un pretérito empresario. Sentí al hombre alicaído, como si la actual crisis económica y financiera le hubiera hecho perder el amor por su grupo empresarial. Lo único que le movía a transitar por la vorágine comercial era la consabida inercia.

Afortunadamente, recordé el texto de Richard Chang, "The Passion Plan", donde el autor apunta que este sentimiento profesional no ocurre de ayer a hoy o debido a una situación puntual, como puede ser el momento que vivimos actualmente, sino porque nos hemos dedicado a otros temas o negocios que nos han alejado de la esencia de nuestro saber hacer, propiciando que situaciones ajenas o externas nos hagan desviar la atención de lo que originaria y verdaderamente nos interesó, concentró nuestras energías o posibilitó nuestro relativo éxito, en la adaptación al cambiante medio económico y social.

Según Chang, para no caer o, en todo caso, superar esta situación, hay que procurar diariamente inyectarse un poco de pasión. Charlamos largo y tendido. En el corto plazo, no estimé procedente insistir en cerrar la propuesta profesional, pero, al despedirnos, percibí un renovado brillo en sus ojos. Eso es lo que importa. Ahora sé porqué no me afligí cuando, nuevamente, archivé la eterna oferta de colaboración. Presiento que la próxima vez disfrutaré de distinta suerte (Fuente de la imagen: Wikipedia).